miércoles, 15 de enero de 2014

Escucha compulsiva (2)

Solo la música me puede llevar a otro lugar sin moverme. Es la música de fondo la que me sobrecoge ante una historia. Sin ella, la misma historia es solo teatro: puede atraerme y sorprenderme pero no me disuelve, que es lo que deseo.



"Opening". "Glassworks" de Philip Glass (1982)

Minimalista y repetitivo. Ideal para los que somos obsesivos en busca de hipnóticos. 
Leer una buena historia sumergido en esta música la vuelve mejor historia. Los personajes pueden cobrar vida y el lector, desvanecerse. ´
Y eso es, sí, exactamente lo que deseo.

lunes, 6 de enero de 2014

Escucha compulsiva (1)

Me ocurre desde que la música es tan asombrosamente accesible: tropiezo con una pieza de modo casual, incluso rocambolesco, me cautiva, tal vez la oí antes o solo lo parece, puede que me haga recordar algo que sucedió o vi, o no y es simplemente placentera y tengo que escucharla de nuevo, otra vez, otra y otra y otra, y al día siguiente debo buscar el momento para escucharla de nuevo, y otra vez, y así algunos días, más bien pocos, hasta que se desvanece y prácticamente la olvido y no recuerdo su nombre, su autor o cómo llegué hasta ella. 



Come in! - Vladimir Martynov

Seguiré tropezando.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Historias

Nuestra conciencia nos impone (o eso creo) la responsabilidad de superar esa parte de la naturaleza humana que nos lleva por el camino equivocado, como la que contiene sesgos que nos confunden o la que nos apresura a alcanzar conclusiones, respuestas y explicaciones tan simples como equivocadas.

El mundo no tiene propiamente sentido y nuestra naturaleza nos ayuda a sobrellevarlo a través del gusto por las buenas historias: tramas con sentido y final esperanzador o al menos consecuente. Nuestra naturaleza nos engaña hábilmente y en ese engaño radica el éxito de fenómenos culturales capaces de elaborar buenas historias por muy falsas que sean, como es el caso de la religión o el nacionalismo.

Life of Pi es una historia sobre la necesidad humana de historias. Fantástica, en todos los sentidos.


martes, 2 de octubre de 2012

Four Lions

La cuestión no es tanto aprender a reírse de Mahoma, que también, sino de uno mismo, sea uno quien sea.

Hasta que los infelices fanáticos no lo comprendan, no habrá remedio.




Four Lions (2010), de Christopher Morris.

jueves, 19 de abril de 2012

Viaje a ninguna parte

Tomo café a diario con él. Avisa  de su llegada con seis timbrazos al son de una melodía que dice que es una canción de su época. "Niño de la posguerra" le decimos cada vez que bromeamos con su ánimo sexual a los casi ochenta años que no aparenta.

Su hija mayor fue bellísima. Me lo ha confirmado alguno que la conoció en su juventud. Yo no porque casi soy un recién llegado a la ciudad. Luego la droga la consumió a lo largo de treinta años y alguna disputa por mercancía quebró sus huesos hasta encorvarla al límite de lo irreconocible. Fue ya así como la conocí. Murió hace unos pocos años tras haber sobrevivido lo impensable a juicio de los médicos que atendieron sus múltiples ingresos hospitalarios tras el contagio del S.I.D.A. Al parecer tenía una resistencia digna de revista médica. La singular naturaleza de la familia acabó prolongando la agonía, volviéndose una maldición. 

Su muerte fue un terrible alivio pero su vida fue un incomprensible proceso de destrucción con el telón de fondo de lo más sórdido que uno pueda imaginar. Aunque sí, con algo de esfuerzo es fácil imaginarlo. Su padre, nuestro niño de la posguerra, luchó por su cuenta, participó activamente en asociaciones, tuvo que recogerla en varios rincones del país y todo fue inútil y doloroso. Por razones que se me escapan la sociedad ha dado estúpidamente la espalda a la drogadicción, una desesperada dependencia que se condena a la marginalidad más delirante como un simple paisaje inevitable.

Leo que algunos empiezan a cambiar la hoja de ruta. Nunca es demasiado tarde aunque lo parezca.

  

martes, 10 de abril de 2012

No sé nada

Extraña sensación.
Oigo voces. 
Sea al leer la prensa, al oír y ver las noticias, o al cruzarme con cualquiera en la calle. 
Oigo a Ana Viera y a Daniel Melingo, con cualquier rostro, diciendo una y otra vez lo que saben.
Bajo el efecto de la música de Rodrigo Leão.
Diciendo lo que todos saben.

 

 Nada.

viernes, 30 de marzo de 2012

Business & Law

Me insatisface tanto mi profesión que la denigro siempre que tengo ocasión. Pero debo reconocer que la retorcida mirada que los abogados acabamos adquiriendo a fuerza de práctica puede ser ocasionalmente útil. 

Como nos alimentamos de disputas y conflictos desarrollamos de modo natural buen olfato para seguir el rastro de problemas y anticiparlos o, lo que es casi lo mismo, para olisquear oportunidades de negocio. Al igual que los depredadores perciben los síntomas de debilidad de la presa más indefensa, los abogados solemos percatarnos antes que nadie de los errores del legislador bienintencionado, descubriendo la forma de eludir la norma -lo que concede valor a nuestro asesoramiento- o advirtiendo la fuente de conflictos -y de pleitos, ¡de negocio!- que se esconde detrás de cualquier disposición elaborada sin suficiente cuidado.

El Parlamento está lleno de abogados pero en el lugar equivocado. Si fuera un déspota los sacaría de los escaños -sobran soflamas de picapleitos-, pero contrataría a un selecto puñado de colmillo retorcido para que, con carácter preceptivo y previo a la aprobación de las leyes, informara sobre las oportunidades de negocio que lamentablemente éstas pudieran ofrecer, ya fuera en forma de lagunas que aprovechar o de litigios que promover por dudas interpretativas. Si además de déspota fuera inteligente, prestaría mucha atención a las observaciones de los mejores colegas para corregir la bendita norma antes de promulgarla.

Urge el control de calidad de las normas. Por el bien de todos, fundamentalmente, y el mal de unos pocos, de paso.

martes, 27 de marzo de 2012

Miedo y otras percepciones

Ahora que caigo percibí mucho miedo el pasado fin de semana.

Como el que súbitamente el sábado por la tarde convirtió al sindicalismo beligerante a los amigos que habría situado en la derecha la mañana de ese mismo día. Un lógico miedo que en buena medida explica los resultados electorales en Andalucía y se alimenta de la desacostumbrada  incertidumbre del momento. Hoy el suelo se mueve bajo los pies incluso del que se creía más firme y el miedo se transmite vertiginosamente sobre una población en la que cada vez son menos los que no temen caerse.

Otras realidades también pudieron percibirse en Asturias, de donde soy por pura casualidad, que es el modo en que soy la mayoría de las cosas que me definen. Allí Cascos, su partido y sus piruetas nos recuerdan, por si cometemos la tontería de olvidarlo, que la parte más nutrida de la derecha patria (13/23, aproximadamente) está como una regadera, mientras la estampa del candidato socialista, un perfecto candidato de finales de los setenta, deja percibir lo anticuado de un partido que parece más conservador que progresista.

Miedo, y cada vez más, ante un escenario que se deteriora sin que se vea erigir uno nuevo. 
Somos seres naturalmente asustadizos. Es un error olvidarlo.

domingo, 18 de marzo de 2012

Estampas de Karachi, a la altura de Colmenar Viejo

El irracional sentimiento religioso no es despreciable, pero en una sociedad abierta, libre y democrática no es más valioso, o no debiera serlo, que la convicción ideológica o el gusto artístico, por ejemplo. Unos y otros están sometidos a la burla, incluso a la inmisericorde.

Conceder al puro sentimiento religioso de los creyentes una protección penal reforzada y privilegiada conduce a consecuencias tan absurdas e irracionales como la religión misma. Tan absurdas como ésta a propósito de esto.

 

Qué penita y qué dolor (qué dolor, qué dolor).

 

viernes, 16 de marzo de 2012

Los idus de marzo. (Cualesquiera).

La intriga se sostiene con excelente ritmo y me habría gustado ver la obra de teatro en que está basada.

Habla de cómo el idealismo y la mezquindad combinan tan fácilmente, y de la fragilidad de la lealtad, que es la misma fragilidad de cualquier otra virtud.

Creo que es un error verla como una historia sobre la ambición política y las retorcidas prioridades que suele imponer. Me pareció más bien un entretenido cuento sobre humanos. Cualesquiera.