sábado, 8 de enero de 2011

jueves, 6 de enero de 2011

Por no molestar

Más que una virtud me parece la consecuencia de algunos defectos. Más que por educación o consideración, me parece que es por timidez o vergüenza desmesurada. Sea por lo que sea, cada vez procuro hacer menos ruido mientras lucho por que no se convierta en una irritante manía.

Compruebo, por ejemplo, que soy el único que sujeta las ligeras puertas de las escaleras del aparcamiento público para evitar el inevitable estrépito con el que vuelven a cerrarse si no se las contiene. Es por no molestar, ni a mí ni a los demás, o por cuidar las cosas que me sirven aunque no sean mías. Echo de menos un cartelito. "SE RUEGA EVITEN LOS PORTAZOS (UN POCO DE POR FAVOR)".


Los carteles pueden ser de una obviedad casi insultante, pero demuestran que necesitamos instrucciones por escrito o parece que no hay modo de recordarlas.

Esto viene (realmente no mucho) a cuento de cómo pude comprobar en la noche de reyes los efectos de la reciente reforma legal en materia de consumo de tabaco. El primer año en el que podíamos prescindir de la cabalgata bien se merecía unas cañas con tostas y en el pequeño grupo había un poco de todo: una fumadora, un ex-fumador, una fumadora ocasional y uno que no lo ha probado. Todos coincidimos en que en aquella apartada barra (la luz brillaba y) se respiraba mejor. Librarse (y especialmente, librar a los pequeños) del cargado ambiente habitual que cala pulmones y ropas, incluso aunque no nos disgute, es indudablemente beneficioso. De modo que no considero que la decisión legal sea una intolerable injerencia en la libertad (de fumar), libertad que no discuto, sino la exigencia de que sea ejercida con responsabilidad, es decir, con la debida consideración al que tiene el derecho a no fumar, ni siquiera por persona interpuesta. Por no molestar.

Los aspavientos que observo en las primeras horas de vigencia de la norma son espasmos condenados a diluirse. La civilización es un compendio de límites que favorecen el bienestar y la libertad, aunque algunos tengan dificultades para entenderlo. Pero es solo cuestión de tiempo y de poco: la civilización, que se expresa en carteles obvios en las sociedades más atrasadas y que es frágil como casi todo lo bueno, nos seduce rápidamente a poco que nos detengamos a valorarla, si es que lo hacemos con la cabeza, y empecemos a disfrutar sus efectos.

domingo, 2 de enero de 2011

Eppur si muove

Nací en Oviedo. Quizá eso me convierta en asturiano o quizá no sea suficiente, en cuyo caso no lo he sido nunca y entonces a saber qué soy, si es que acaso soy algo. Es el ser o no ser, un no vivir.

Me acordé de lo que tal vez soy, o probablemente nunca fui, mientras escuchaba la radio en el coche, de vuelta a casa una vez terminados los encuentros familiares de la temporada navideña. Oí claramente a Francisco Álvarez Cascos ofrecerse al personal para recuperar el orgullo de ser asturiano. Por un brevísimo instante me sentí aludido.

Al poco rato pude escuchar a Jaime Mayor Oreja lamentándose de que las familias españolas tienen que padecer el laicismo radical del gobierno. Algunos detalles del lamento se encontraban en la homilía del cardenal Rouco Varela en la fiesta de la familia cristiana celebrada hoy en Madrid.

"Se ciegan las fuentes de la vida con la práctica permisiva del aborto. Se banaliza con la eutanasia hasta extremos −hasta hace poco tiempo impensables−, la responsabilidad de vivir y de respetar la vida del prójimo. ¡El derecho irrevocable a la vida queda profundamente herido!", proclama Rouco. No concibo de qué modo podría estar más en desacuerdo con el cardenal. Sostengo que la nueva regulación legal del aborto era absolutamente indispensable para seguir corrigiendo la infame hipocresía social en este asunto y la clara insuficiencia de la lejana y modesta reforma de 1985, que convertía la legislación penal sobre el aborto en algo fantasmagórico: irreal e inaplicada por pura lógica social, pero amenazante y esporádica y aleatoriamente activada. Y creo que se hace imprescindible banalizar la muerte como verdaderamente se merece y regular generosamente la libertad de poner fin a nuestra existencia cuando somos sobradamente conscientes de que ya no tiene ningún valor apreciable.

Pensaba que la derecha estaba quieta esperando celebrar ese festín electoral que habrá de llegar como fruta madura. Sin embargo observo que se mueve: hacia el orgulloso regionalismo o, aún peor, por la senda del tenebroso integrismo, ése que no hace más que sacralizar cosas (la vida, el sexo, la familia o lo que se le ponga por delante) para terminar satanizando la mismísima naturaleza.

Tamos de coyones.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Larghetto

No se presta suficiente atención a la importancia del tempo. No es solo que ahora vivamos en una época de prestissimo, es que en política todo es de vivace para arriba y ya no recuerdo cuándo fue de otra manera si es que alguna vez la hubo. Y no puede ser.

Se acaba un crudo 2010 y sugiero a voz en grito -en el sordo vacío- que haya calma en 2011. Podemos contar con un presidente del gobierno que ha descartado su reelección y diríase que definitivamente también la de su partido, y que parece resuelto a hundirse acometiendo al fin lo que a nadie gusta, lo que cuesta votos y afectos, pero que los más inteligentes estiman inaplazable. El político se ha ganado a pulso en el pasado la desconfianza de la mayoría pero, quién lo iba a decir, es el único que ahora mismo merece crédito. Habrá que darle su último y breve tiempo y bajar el tempo. Lento pero sin pasarse. Larghetto. Nos conviene.




Felices fiestas, (impetuoso) mundo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

domingo, 19 de diciembre de 2010

Yo apelo

La Audiencia ratifica la "veracidad" de la información de EL MUNDO sobre el 11-M, titulaba ayer el periódico sobre sí mismo.

Lo curioso del enésimo estrambote es que no es descabellado. El resultado del recurso de apelación contra la sentencia dictada en primera instancia es más de lo mismo. Por situar brevemente la cuestión, en palabras de la resolución dictada ahora por la Audiencia Provincial de Madrid éste es, literal y concentradamente, el objeto material sobre el que descansaba la pretensión del demandante:


Al comisario le molestaron los comentarios. Llegó a pensar que la crítica sobrepasaba el límite de lo tolerable y que alcanzaba la abierta, descarada y falsa imputación de delitos. No sabía lo equivocado que estaba. El Tribunal aclara al comisario que, bien mirado, se tomó el asunto a la tremenda:

Lo que el [ingenuo] apelante califica de campaña de prensa contra él puede considerarse más bien [solo hay que aplicar la dosis necesaria de inteligencia] como una actitud pertinaz del citado periódico por esclarecer [esclarecer va subrayado en la sentencia] (o intentar que se esclareciera) qué había ocurrido realmente en los atentados del 11-M [en otras palabras, solo-semos-unos-que-queremos-de-saber].

El conjunto de los artículos reseñados en la demanda (aunque aquí aparezcan concentrados como si de la información de un solo y mismo día se tratara) reflejan un interés continuado por que la investigación policial y la instrucción judicial fuesen lo más transparentes y acertadas posibles. [Angelitos].

Se puede llegar a apreciar que las frases descalificadoras y los epítetos mordaces responden más a la rabia periodística de percibir que la verdad de los hechos se podía escapar que a una intencionalidad lacerante contra el Sr. Sánchez Manzano quien, al fin y al cabo, era un peón [¿una traición del subconsciente?] más dentro del gran ajedrez en el que el Estado se estaba jugando la partida de la persecución y el castigo de los terroristas y, consecuentemente, la protección y satisfacción de las víctimas.

Creo que los Magistrados de la Sala -y desde luego el ponente- llegaron a visulumbrar, quizá solo de refilón, el abismo de lo kafkiano y que por ello decidieron revocar la condena en costas impuesta en primera instancia. Un detalle.

Si alguien quiere conocer el verdadero estado de la Justicia en España no debe preguntarme a mí sino a un buen abogado. Le dirá que está curado, curadísimo, de espanto.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Visiones


El otro día tropecé con un libro que contenía una selección de artículos de Gregorio Marañón. Al abrirlo por azar di con una breve disertación sobre la naturaleza de la mujer, que el pensador consideraba necesariamente singular y diferente de la del hombre a partir del especial papel de aquélla en la reproducción. En un momento dado, de forma respetuosa y a un tiempo condescendiente, un joven Gregorio Marañón mostraba su discrepancia con la opinión expresada por Ramón y Cajal sobre que si la mujer fuera liberada de la tradicional carga procreadora y doméstica demostraría su verdadera capacidad intelectual y científica.

El grave error de Marañón me recordó un aspecto que cada vez me interesa más dentro del complejo concepto de inteligencia: la habilidad para predecir el futuro, de aventurar con el menor margen de error posible aquello que va a suceder. Opera en cualquier ámbito y en todos es importante, tanto cuando nos preguntamos sobre el futuro de nuestra familia como cuando es el de la sociedad o de la misma especie el futuro que anticipamos. No depende solo de disponer de mucha información, sino especialmente de contar con la capacidad para observar adecuadamente la información disponible, de interpretar correctamente el conocimiento. Y me pregunto cómo cultivarla, si es que es posible hacerlo.

Mi natural gusto por aprender (casi exclusivamente) de la experiencia -ese empirismo intuitivo que debe de estar en el origen de mi gusto por el pensamiento anglosajón- hace que mi curiosidad por esa rama de la inteligencia se concentre en las cualidades de los que sabemos que predijeron bien, los que atisbaron en mitad de la incertidumbre. Y aunque ni mucho menos es suficiente para definirlos, observo un rasgo que siempre está presente en ellos: ven mejor el sendero por el que transitaremos los que son conscientes de que siguen en camino y no han llegado, y nunca llegarán, ni ellos ni los que vendrán, a ningún destino definitivo. Y curiosamente acaban viendo mejor los que tienen más presente que pueden estar viendo mal.

Tomo nota. Y seguiré observando.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Tomático



El canal de noticias CNN+ pondrá fin a sus emisiones el 31 de diciembre de este año y a partir del 2011 solo habrá un canal temático de noticias en abierto: 24h de TVE.


Y si las cosas suceden exactamente como es casi seguro que habrán de suceder, desde mediados de 2012 el único canal de noticias que emitirá en abierto en España será algo así como un diario de la (mañana, tarde y) noche de Telemadrid.

Supongo que muchos estarán contentos. Pero qué lástima y qué grima, qué inevitable grima.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Escandinavas

Es oír hablar de sexo y suecas y me sale el Tony Leblanc que cualquier españolito nacido antes de los setenta lleva dentro, pero muy dentro. Para qué negarlo, las denuncias contra Julian Assange me han tocado el subconsciente.

El asunto es chusco y aunque la información es claramente insuficiente empieza a dar miedo viajar a Estocolmo. La tecnología permite a mi Andrés Pajares visualizar el seminario donde los personajes confluyen o escuchar a una de las implicadas, y traducirla, pero estoy viendo Rubicon y ahora mismo no estoy para fiarme de nadie, ni siquiera de que hayan desaparecido tweets tan oportunamente.

Culebrón y circos digitales. Mi Fernando Esteso está que no cabe en sí de gozo. Atentos, que diría Miguel Ángel Aguilar.

martes, 7 de diciembre de 2010

Dream on

Ahora que caigo, puedo resumir mi vida en dos palabras...



...y una intro.

Pero no desespero porque mi vieja entrega a todo género de ficciones televisivas responde sencillamente a la humana necesidad de escuchar historias, y tanto da que sean las novelas de Conan Doyle que leí hace tanto tiempo como la fiel actualización realizada por la BBC y que se merece (y exijo) una continuación.

"Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa". (Fragmento del discurso de recepción del premio Nobel pronunciado hoy en Estocolmo por Mario Vargas Llosa).

Que así sea, maestro.